El Conejo Velasco - Película documental de Pocho Alvarez

Quito, 16 de julio de 2012

EL CONEJO VELASCO
Película documental

Sinopsis


La fugaz vida de Fernando Velasco Abad, contrasta con la permanencia de su pensamiento y obra, treinta y tres años después de su partida calendario.

Los agudos sonidos de una sierra van ganando presencia, la moladora y su quejido de metal irrumpe e inunda el ambiente saturado de ruidos que llaman gritos.

Solamente el sonido eléctrico de la suelda y su brillo de luz agudo establecen una pausa. Poco a poco, una armazón de hierro va ganando cuerpo y en la medida en que ésta crece, el sonido metálico de la construcción de la estructura se va apagando.

Las manos del escultor y su pesado diálogo de tierra han reemplazado al grito de las máquinas y junto al cadencioso palmoteo que compacta la arcilla en la armazón metálica, el silencio creador del escultor Howard Taikeff inunda el ambiente del taller. Su soledad creativa va dando forma, lenta, morosamente a la escultura. Los otros materiales y herramientas, habitantes del taller, mudos testigos del trabajo creador, miran desde el silencio, el esfuerzo del artista.

En una mesa contigua, regadas junto a las herramientas o pegadas sobre un bastidor, una serie de fotografías, del Conejo Velasco en sus tres únicas edades, la niñez, la adolescencia y la juventud, acompañan con sus ojos el baile de las manos del artista. Un pequeño boceto de barro, el primer ensayo de la escultura que se propone realizar, roba la mirada del escultor. Los ojos penetrantes de Howard van de las formas del boceto a las fotografías, y a la escultura en ciernes. Son viajes permanentes, un ir y venir de párpados y manos que buscan responder a la pregunta, ¿Quién fue el Conejo Velasco?

A este interrogante profundo se plantea responder esta propuesta audiovisual. A esta necesidad de memoria para hacer historia el documental se propone alimentar. Es una suerte de minga que suma alientos, y el primer aliento sustantivo que auspicia y sostiene este soñar es la Alcaldía de Quito, la ciudad que lo vio nacer.

Reconstruir con la escultura y con la voz colectiva del recuerdo, la de los familiares, amigos y compañeros, la vida del Conejo Velasco, su tiempo de respuestas, de organización e inserción en las trincheras de la reflexión y, creación del pensamiento crítico, su aporte sustantivo a la teoría y a la práctica política, a las ciencias sociales y sobretodo al sueño de una generación y un país de gente en lucha, requiere de una cámara que recorra ese ayer con algunas luces del presente.

Pocho Álvarez W.
Director


Recordando a Fernando Velasco Abad, el Conejo - Manuel Chiriboga Vega

 
Hoy nos reunimos a recordar a un amigo, a un compañero, a un colega, a un referente para nuestra generación, que fallecido hace ya casi 33 años, no queremos dejar morir; por el contrario, queremos a partir de este acto de develización de su escultura, pasar el testigo de su memoria a las nuevas generaciones.  


Quiero recordar una frase de Javier Cercas en su novela Soldados de Salamina: “Se acuerda (el viejo y antiguo combatiente de la Guerra Civil española) porque, aunque hace sesenta años que fallecieron (sus compañeros de combate), todavía no están muertos, precisamente porque él se acuerda de ellos.” Y no queremos que Fernando se muera con nosotros, queremos que él siga viviendo, porque a partir de esta representación de él, de los documentales que estamos empeñados en producir, de los libros que pronto serán re-editados y de los eventos académicos que sobre su pensamiento se desarrollen, nuevas generaciones mantengan su memoria, de lo que el hizo y quiso hacer, hace mas de tres décadas. Con ello seguirá viviendo.
Y qué mejor que develizar su escultura en este lugar, en un parque en FLACSO que lleva su nombre y donde jóvenes como él deambulen y se sienten cerca de ella o simplemente contemplen esta figura de alguien tan joven como ellos. Y quizás se pregunten quién era ese joven que tiene una escultura en FLACSO a pesar de su corta edad.
Su vida se apagó un 9 de septiembre de 1978, cuando apenas tenía 29 años en una curva de la carretera hacia Santo Domingo de los Tsáchilas, en un accidente sin más explicación que su compromiso social y político, sin sopesar los límites de nuestra propia resistencia física. No era un viaje cualquiera aquel en que el murió, ni se dirigía a una reunión de las muchas que hacíamos entonces. Viajaba junto con varios dirigentes de la FENOC, hoy FENOCIN, Mesías Tatamuez entre ellos, a una discusión en que debía resolverse el peso que el movimiento campesino tendría en la organización política que nos cobijaba. Había posiciones políticas contrastadas sobre lo que debíamos entender como una alianza obrero campesina y ello se reflejaba en la pequeña cúpula de la organización política que habíamos establecido, el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores, MRT. Discutíamos con pasión y compromiso esas posiciones en largas veladas en que el humo del cigarrillo nublaba la vista, pero en que las horas no alcanzaban, para lograr claridad sobre ese asunto de gran importancia coyuntural en el momento.
Así que muchas veces he intentado reconstruir lo que pudo ser ese viaje a Santo Domingo. Me imagino su notable inteligencia dedicada a escudriñar en forma sistemática el contenido de cada posición y buscar una síntesis, que fuese superior a cada una de ellas, mientras manejaba el destartalado jeep en que viajaban. El resolver esa disyuntiva era fundamental para el futuro del MRT y así lo pensaba él y lo pensábamos nosotros. Fernando era de aquellos que no dejaba idea sin explorar, que no descansaba hasta intentar entender al otro, de analizar diversos escenarios para resolver disyuntivas que enfrentábamos, pero sobre todo tenía una notable capacidad de sugerir salidas, que luego cada uno pensaba que era, en ese momento, la mejor. Nunca sabremos como él nos iba a sacar de esa crisis pasajera; de hecho, sin él, esa crisis, creo yo, no encontró salida.
En el viaje Fernando manejaba un vehículo acompañado de dirigentes campesinos a una reunión en que se reunirían delegados de las diversas organizaciones regionales que entonces componían la FENOC, hoy FENOCIN. Me imagino, que en el recorrido quizás rememoraba lo que había sido su trabajo sindical y organizativo, los grandes debates y su lucha por cambiar la dirección de esa organización. Esa organización nacional campesina había sido revitalizada, re-direccionada políticamente, insertada en el movimiento sindical y campesino de izquierdas en buena parte gracias al accionar político de Fernando y quienes le acompañábamos, incluyendo esos dirigentes que viajaban con él. De hecho, su activismo social se construyó en esa organización y en las luchas por asegurar su adscripción a las líneas de izquierda revolucionaria, rompiendo con su matriz demócrata cristiana. Su dedicación a la organización social era una de las pulsiones vitales de Fernando, por lo que no había reunión, curso, taller al que no viajaba o nos enviaba. Así que ese viaje, realizado en una madrugada, para resolver temas centrales de la organización campesina, era continuidad de su compromiso con la organización sindical y campesina, que había comenzado desde edad muy temprana.
O tal vez en ese último viaje iba recorriendo sus escritos sobre campesinado y movimiento campesino. Los dilemas para entonces eran dos: ¿que segmento del campesinado debía constituirse en la base del cambio buscado? ¿Era aquel que habiendo accedido a la tierra, demandaba servicios del Estado, con quien ese Estado había constituido una alianza, para abastecer de alimentos a la ciudad y al proceso de desarrollo? o, ¿era el campesinado pobre, quedado al margen de los procesos redistributivos, en su mayor parte indígena, en el que debían cifrarse la base de una transformación social? Era el movimiento campesino o el movimiento indígena, eran las demandas socio-económicas que debían predominar en el ideario del movimiento social o eran las étnico-culturales, que debía sustentar ese proceso de cambio. Era una discusión académica que tenía en sus vértices, implicaciones políticas que seguramente se discutirían en la reunión a la que acudía y que por lo tanto, seguramente pudo repasar en ese viaje por las sucesivas curvas hacia Santo Domingo, ese día 8 de septiembre del 1978. Nunca sabremos, pero sus escritos en que buscó responder a esas interrogaciones a la realidad agraria de esa época, en constante discusión con Marx, Kautsky, Lenin, Wolf, Shanin para recordar algunos, habría de contribuir al establecimiento de las modernas ciencias sociales ecuatorianas y muy especialmente a su núcleo fundacional, los estudios agrarios.
Pero Fernando escribía bien. Cabe recordar la respuesta que dio al director del Colegio Benalcázar, que dudaba que un niño todavía, estuviera preparado para iniciar la exigente educación secundaria de su plantel. Al preguntarle qué era la literatura, contestó, recordando a su madre maestra, es la forma escrita de la belleza. Sus escritos eran exigentes no solo en el fondo, sino en la forma. Obviamente fue admitido en forma inmediata.
No fueron estos sus únicos escritos, de hecho sus primeros, se escribieron en las aulas universitarias. De esa época surgen textos como su tesis de economista, "Ecuador: subdesarrollo y dependencia", que se constituyó en un referente temprano para el pensamiento crítico ecuatoriano y para la formación de generaciones de economistas y sociólogos. En ella, recorrió en forma crítica la teoría de la dependencia y evaluó sobre esa base lo que había sido nuestra propia experiencia de desarrollo como sociedad y país. Su preocupación central en este texto fueron los caminos del subdesarrollo y la dependencia, pero también los avatares de nuestra formación como nación. En ella, como bien lo ha destacado Enrique Ayala, hay una revalorización de figuras como García Moreno y claro está, Eloy Alfaro, como constructores de la nación.
Este texto ya clásico de la ciencia social ecuatoriana acompañó en buena parte su actividad docente, tanto en la Facultad de economía de la PUCE como en la escuela de sociología de la UC. A pesar de su juventud, Fernando, el Conejo, era profesor distinguido, pero también un motivador de la curiosidad de los estudiantes sobre nuestra sociedad. Sus alumnos, muchos de ellos, apenas unos años menores, lo recuerdan como persona que jugó un papel fundamental en su formación. Así que espero que esta escultura que hoy develizamos también recuerde a los profesores que su papel fundamental es el de despertar la curiosidad académica en los estudiantes, el trabajo sistemático y riguroso, la atención al estado de las ciencias en cada momento, el enseñar a pensar por sí mismo.
O tal vez el viaje esa noche y madrugada fue aprovechado por Fernando para repasar las organizaciones que había contribuido a establecer. El CIESE, el CAAP fueron pensadas y establecidas como aquellas que permitirían realizar los estudios académicos rigurosos o las acciones de promoción social y apoyo a las organizaciones populares, tanto rurales, como urbanas. De hecho el CIESE que durante un tiempo dirigí, se constituyó en el espacio donde los nuevos estudios agrarios encontraron uno de sus derroteros principales en ese período fundacional. El CAAP, hasta hoy organización no gubernamental importante, dirigida por el compañero desde entonces, Paco Rohn, ha sido lugar de innovación en el trabajo social e impulsora constante de nuevas inquietudes y debates, como lo atestigua, su revista Ecuador Debate. Pero ellas no fueron las únicas organizaciones que él ayudó a formar; otras también le deben su capacidad de creación de instituciones y de derroteros para el país. Su mano estuvo atrás del establecimiento de FODERUMA en el Banco Central del Ecuador, pionera en los programas de desarrollo rural, política que a pesar de sus altibajos, perdura hasta la actualidad.
No sé cómo sería ese viaje, si todos dormitaban y Fernando decurría en sus pensamientos o, por el contrario, pasaron alguna hora cantando o contando anécdotas de diferente tipo. El Conejo era una persona alegre, de ojos vivaces, capaz de tararear no solo las canciones de la época, como las de Atahualpa Yupanqui o México Febrero 23, pero también otras más alegres y movidas. No puedo pensar que ese viaje fuese uno triste, Fernando no lo era. Su vivacidad no era solo de inteligencia y compromiso, era también de celebración y alegría. Recuerdo tantas anécdotas sobre tenidas largas en que la discusión seria dio paso al jolgorio, al canto, al baile, a celebrar nuestra juventud, o cuando una sesión de capacitación y concientización, como lo llamábamos entonces, daba paso a un partido de fútbol, en que El Conejo era temible delantero. Así que esta escultura la veo también como testimonio y celebración de la alegría vital de la juventud.
Todos esos debates, vivencias, sueños, compromisos llegaron a un abrupto fin ese 9 de septiembre de 1978 en que murió, cuando el cansancio venció y el jeep derrapó en una curva de las muchas que tiene esa carretera. Recuerdo como si fuese hoy, la forma como la noticia me llegó y seguramente eso le pasa a cada uno de nosotros, como buscamos arroparnos entre nosotros para pensar lo que había ocurrido, como llegamos poco a poco a la casa de sus padres y hermana, donde doña Blanca Margarita Abad Grijalva y Don Ermel Velasco Mogollón y su hermana Maty, como más tarde, llegando desde diversas partes confluimos al cementerio a dejar su cuerpo físico, los abrazos y lágrimas de ese día. Ese descampado amplio de un cementerio entonces, apenas ocupado, es tal vez el símil que he retenido de ese día en que enterramos a El Conejo, desolación y desamparo.
Pero muchas veces pienso que el papel más importante que jugó Fernando, El Conejo, fue el de darnos derrotero como generación y que mucho de lo que hemos sido desde entonces, difícilmente puede explicarse por fuera de esa intensa vivencia que tuvimos con él a mediados de la década de los 70. Todos éramos jóvenes, entre 20 y 30 años, algunos recientemente salidos de las aulas universitaria en el país o fuera, casados muchos y con hijos pequeños, Juan Fernando Velasco entre ellos, lectores empedernidos de libros en que se turnaban Marx, Mariátegui o Franz Fanon, pero también Cortázar y García Márquez, éramos sobre todo jóvenes de gran curiosidad, dedicados a analizar, reflexionar y escribir a partir de nuestras propias observaciones de lo que acontecía en nuestra sociedad. Éramos sobre todo inconformes hasta con nuestra propia inconformidad, poníamos nuestros sueños por delante y buscábamos renovar todo.
Encarnábamos el espíritu de la época, recordemos los setenta como una década de búsqueda para quienes militábamos en la izquierda. Fueron años de golpes militares violentos y represivos en buena parte de América del Sur, de desarticulación y derrota de los movimientos de izquierda que habían surgido en los 50 y 60, de constitución de un nuevo espíritu latinoamericanista a partir de las diásporas de izquierda y el exilio; pero también fue época de insurgencia contra los gobiernos oligárquicos en Centro América; fue época también de un nuevo pensamiento latinoamericano, que oscilaba entre dos polos, superar la teoría de la dependencia a partir de una aplicación del marxismo a la realidad de América Latina; y la paulatina revalorización de la democracia, cuyo contenido y dirección se disputaba; pero también era época de un gran boom cultural, en la literatura, en la música y en la pintura. De todo ello éramos portadores, nuestro bagaje estaba lleno de sueños y creatividad.
Fernando era, sin embargo, el mejor de todos nosotros, era quien permitía que todo ese compromiso, todo ese bagaje, confluyeran en una dirección determinada, pues a pesar de lo que teníamos en común, proveníamos de muy diferentes prácticas, sea desde las diversas vertientes ideológicas que entonces subdividía a la izquierda, sea desde el punto de vista de la misma práctica, unos más dedicados a los libros, otros más al activismo, otros más bien surgidos del mismo movimiento social. Ese rol de aglutinador es algo que siempre recuerdo en él y tal vez fue su rasgo más significativo. Fue justamente eso, que con su muerte, perdimos.
Así que este día que pasamos la posta de su memoria a nuevas generaciones de jóvenes académicos, estudiantes, activistas sociales, por medio de una escultura que da cuerpo al mejor de nuestra generación, lo hacemos no solo para que El Conejo no muera, sino para que anime a nuevas generaciones a sus propias búsquedas y a sus propias inconformidades, incluso con la inconformidad dominante.
Gracias.
Quito, 30 mayo 2012  


Para saber más:

Un pensador en el espacio público, Municipio de Quito, 31 mayo 2012
Parque Cultural Fernando Velasco en FLACSO, Quito

Escultura de Fernando Velasco Abad en la FLACSO





La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Sede Ecuador
tiene el agrado de invitar a usted a la

Develización de la escultura en homenaje
al extraordinario intelectual y luchador social ecuatoriano

Fernando Velasco Abad


Miércoles, 30 de mayo de 2012, 12h00
FLACSO Ecuador
Calle La Pradera E7-174 y Av. Diego de Almagro, Quito


  » Un pensador en el espacio público, Municipio de Quito, 30 mayo 2012

Fernando Velasco Abad: Una vida de búsqueda, por Enrique Ayala M.

Gurbuz de Calismar
El 9 de septiembre de 1988 se realizó un acto de conmemoración del décimo aniversario del fallecimiento de Fernando Velasco. Allí intervine con las palabras que se transcriben a solicitud de la FENOC, la Corporación Editora Nacional y un grupo de amigos del Conejo. Me parece pertinente publicar e1 texto en este volumen de Procesos (Revista Ecuatoriana de Historia, No 12, Corporación Editora Nacional, Quito, 1998).


Estar aquí reunidos recordando a Fernando Velasco Abad no tendría sentido si éste no fuera un acto que da continuidad a una búsqueda iniciada por él desde las raices de su propia infancia. Porque ni a él le gustaban los elogios fúnebres de momificadas figuras del pasado, ni nosotros estamos para canonizarlo, transformándolo en un habitante más de ese retablo construido en la lucha laico confesional cuyos campeones son el Mártir y Vengador del Derecho Cristiano, el Santo del Patíbulo, por un lado y San Juan Montalvo por otro.

Estamos aquí para seguir buscando, porque más que ninguna otra, la búsqueda fue la característica fundamental de su espíritu inquieto, crónicamente insatisfecho, al tiempo que brillantemente creador.

Nacido al filo de la mitad de nuestro siglo, al Conejo Velasco le tocó vivir, como a muchos de nosotros, una vida cruzada por grandes transformaciones tanto en el país como en el mundo. Como que en medio del camino, entre los cincuenta y los setenta, varias veces nos movieron el piso y tuvimos que aprender a entender la rea1idad una y otra vez hasta ir encontrando formas cada vez más definidas y comprometidas de pensamiento y acción.

Una vida internacional caracterizada por el dominio de figuras como Churchill, Pío XII, Eisenhower y Stalin se vio de pronto turbada por remezones como la Revolución Cubana y el Concilio Vaticano 11. Y el Comandante Fidel Castro y Juan XXIII fueron, entre otros, referentes de una ola contestataria que
inundó América Latina con los ritmos de los Beatles y de Inti Illimani; que pintó paredes y cercas con las tintas de los muros de París del 68 y con la brocha gorda de nuestras protestas universitarias; que vivió con igual intensidad la campaña por detener los bombardeos de Vietnam y la lucha por el triunfo de Salvador Allende, figura máxima de la capacidad de victoria y resistencia de todo nuestro pueblo latinoamericano.

Un país propiedad de grandes señores de la tierra, de la banca y el comercio, que disputaban parcelas de poder sin abandonarlo jamás ni por mal sueño, alternando enfrentamientos confesionales y actos de irrupción caudillista bien controlados; se halló en cortos años envuelto en un proceso rápido de
modernización y reacomodo, que ya no podía ser explicado por el tradicional discurso de los tradicionales entendidos en la abogacía, los poemas provincianos y las biografías de los héroes. Un país en cambio brusco tenía que ser explicado con nuevas formas de ideología para que, pese al remezón, todo quedara igual al fin; o tenía que ser entendido desde perspectivas científicas y revolucionarias que coadyuvaran al avance de los protagonistas de su propia liberación.

Porque en la base de todo este panorama estaba el pueblo. Los trabajadores ecuatorianos, como los de otras tierras de Latinoamérica, movían el piso, avanzaban en conciencia y organización. Esto que generalmente lo vemos al último, estaba en realidad primero en todos esos años. Indios y campesinos en lucha por la tierra, obreros en búsqueda de mayor fuerza orgánica y de su unidad necesaria y prometedora.

En medio de todo esto transcurrió la vida de búsqueda del Conejo. Nacido en un hogar laico, de una brillante dinastía de maestros; aprendió desde niño el ejercicio del estudio y de la crítica, la avidez por la lectura y la charla productiva. Su talento, sin duda uno de los más altos del Ecuador, se ejercitó en esa disciplina que saben infundir nuestros viejos normalistas. A una edad récord concluyó la secundaria para ingresar luego a la Universidad Católica del Ecuador justamente cuando una nueva generación hacía soplar en ella vientos de cambio.

Desde entonces fue activo protagonista de un proceso de transformación académica y política de grandes repercusiones, cuya figura referente fue Hemán Malo González, muerto hace justamente cinco años también en medio de la persecución y de la búsqueda.

Pero la Universidad Católica no fue solamente el espacio de su formación; de su participación política inicial; del hallazgo de compañeros y amigos entrañables, muchos de los cuales estamos hoy aquí; del comienzo de su vida como profesor universitario, también a una edad récord; sino que significó su
encuentro con la posición humanista cristiana en trance de avance y ruptura. Esta circunstancia de no haber nacido en la corriente cristiana tradicional y no haber vivido en sus primeros años la cruzada apologética, sino de haberse topado con ella en el seno institucional de la universidad y maestros que
expresaban su crisis y su urgencia de transformación, enriqueció enormemente la vida, el pensamiento y la práctica de Fernando Velasco.

La tradición secular del laicismo que reivindicaba los avances democráticos del Ecuador de la primera mitad del siglo XX, pero que afrontaba la crisis del agotamiento del debate confesional, se encontró en sus años de estudiante con la tradición humanista cristiana, tan profundamente enraízada en nuestro
pueblo, empujada por el Concilio y por Medellín al compromiso con los pobres y con sus luchas. Este encuentro y la urgencia de superación de esas crisis paralelas, dos caras de una misma realidad más de fondo, lo lanzaron a la búsqueda de nuevas formas de entender la doliente realidad de América Latina y del Ecuador.

Transitando por las categorías de desarrollo, subdesarrollo, marginalidad, dependencia, dialéctica histórica, con las connotaciones ideológicas y teóricas que ello implicaba, llevó al Conejo a una propuesta interpretativa del desarrollo histórico del Ecuador. Su tesis de grado, trabajo en que rivalizan su brillantez, su calidad académica con su claridad, como lo destaca Moreano, fue en 1972 el documento más lúcido producido entonces sobre nuestra realidad. Pocas obras mantenidas inéditas por largo tiempo habrán tenido más copias circulando para discusión.

La obra es pionera en muchas de sus facetas. Luego de los cuarenta en que Benites Vinueza produjo su Ecuador: drama y paradoja que marca la transición del ensayismo en la interpretación histórica, se producía la primera interpretación general. Actores colectivos, causas estructurales, esfuerzo de periodización a partir de las realidades económicas y sociales, inserción en el panorama mundial. Todo ello con gran esfuerzo crítico, desafiante en más de un tema, como el de la reivindicación de García Moreno, cuya caracterización y la de su régimen denotan una madurez intelectual que superó de lejos el debate liberal conservador que dominaba las obras publicadas hasta estos días como novedad editorial.

Pero Ecuador: subdesarrollo y dependencia a estas alturas ya un clásico, no fue, no podía serlo, solo un ensayo académico; fue un instrumento de formación y de polémica política. A la vista de sus páginas abiertas se han escrito más de una docena de obras que pretenden, con magros resultados, ofrecer visiones alternativas de nuestra realidad. Hasta en ello la obra es fundamental, puesto que provocó la producción de otras, publicadas antes y con mucha mayor suerte editorial, puesto que tuvo que esperarse hasta 1979 para que apareciera una primera edición que, una vez agotada, no ha vuelto a aparecer a 10 largo del último sexenio.

Velasco no se agotó en su labor universitaria, que también abarcó docencia en la Universidad Central del Ecuador, de la que fue profesor por largo tiempo; su acción se extendió al frente campesino. Y su presencia allí fue también tan impactante como fuera de lo convencional. Trabajó en instituciones vinculadas a las corrientes cristianas y colaboró cada vez más estrechamente canta FENOC y el movimiento campesino. Tras un período de maduración y conflicto participó activamente en el establecimiento de la CEDOC socialista, institución que habiendo nacido al calor de la influencia clerical y conservadora ha llegado a ser definido vehículo de organización de los trabajadores y coadyuvante fundamental en el proceso de la unidad de las fuerzas populares del Ecuador, cuya expresión más alta constituye el Frente Unitario de Trabajadores, FUT. Su acción en este frente fue desde entonces lo crucial de su vida, como lo han dicho otros oradores.

Así, en el corto tiempo de como dos décadas de búsqueda inquieta y cada vez más comprometida, Fernando Velasco transitó por las vertientes más hondas de la identidad de nuestro Ecuador y llegó a la sistematización de sus propuestas académicas sobre la historia socio-económica, el problema campesino y el imperialismo, desde la perspectiva del marxismo, llegando a realizar una de las
contribuciones más originales y enriquecedoras a la interpretación socialista científica de nuestra Patria.

Y, desde luego, semejante posición y semejante lucha asimiladas críticamente no podían sino desembocar en los reiterados esfuerzos que hizo Velasco junto con muchos otros, por hallar caminos de construcción del socialismo en el Ecuador y América Latina, por constituir organizaciones políticas como el Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT) que negaran el reformismo en su
práctica militante y contribuyeran a la unidad de las fuerzas de izquierda y sectores populares organizados en su lucha por la revolución.

Fueron tantos y tan amplios los campos de trabajo de Velasco, fue tan rica su acción y tan prolífica su capacidad de planificar, que resulta difícil imaginarse que estaría haciendo ahora. Su sentido de originalidad y de búsqueda lo habrían llevado más lejos que nuestra propia imaginación. Pero cualquier cosa que estuviera haciendo hoy el Conejo sería dentro de su vocación cada vez más definida de intelectual comprometido y de militante sin dobleces. Estaría sin duda ahora organizando la protesta, afinando las condiciones de la lucha, escribiendo hasta la madrugada, no las razones de la suspensión de la lucha de clases en homenaje a buenas conexiones en el poder, sino los puntales de una batalla ideológica que habría de continuar sin descanso por esos caminos de la Patria como aquel en que encontró la muerte hace diez años.

Fue tan rico y tan multifacético el Conejo que resulta difícil definirlo. Sus adversarios en la derecha le decían comunista. Los comunistas lo acusan de social-demócrata. Los ideólogos liberales no le perdonan sus presuntos "devaneos católicos". Pero claro, ni era comunista, ni social-demócrata, ni
católico. Fue un hombre cuya fuerza fue la búsqueda hasta los bordes de todas las ortodoxias, pero con un compromiso cada vez más claro. Era, más allá de todo, un revolucionario, un combatiente imaginativo, definido y honesto por el futuro revolucionario que construyen los trabajadores.

Estamos aquí por eso, no para lamentar su pérdida, sino para reactivar su vocación de búsqueda de nuevos caminos para las ciencias sociales comprometidas, de nuevas y más avanzadas formas de organización y unidad del pueblo ecuatoriano, de recuerdos entrañables que nos unen como amigos
y compañeros hasta más allá de sus años de presencia y hasta más allá de esta década de ausencia. Porque si renundáramos a este prurito de buscar qué le era propio y a la brillantez de encontrar la sencillez y claridad que nunca le abandonó, estaríamos renunciando a nosotros mismos.

Cuando comencé a escribir estas palabras mi intención era presentar el legado académico e intelectual de Fernando velasco Abad, especialmente a quienes no le conocieron. Confieso ahora que al acercanne a este punto he ido alternando mi intención original, puesto que no puedo, menos mal, hablar del Conejo cientista social y dirigente sin rememorar también al compañero de estudios primero y luego de cátedra, al amigo entrañable con quien vivimos una diversidad de luchas y de experiencias.

Haría mal si dijera aquí que hablo en nombre de todos los que podrían decir lo mismo, pero creo que puedo decir por muchos que si su muerte fue uno de los más dolorosos momentos vividos por una generación, su vida, no por truncada lejana para nosotros, es cada vez más, un referente intelectual y
político, así como su recuerdo nos une para sentirlo irreversiblemente propio.

Nadie es dueño de su memoria, que no es ni siquiera ya de su familia o de alguna fórmula institucional, sino de los trabajadores del Ecuador, del futuro revolucionario de nuestro país y de América Latina. Pero el día que nos congregamos aquí para recordar su muerte, vamos más allá de la fría madrugada
del 9 de septiembre de 1978 cuando encontró su destino en el borde de una peña, nuestro barro al fin, para avanzar por ese no terminado camino de búsqueda que recorrió en su vida, tan cercana a la propia, como inmensamente querida.

Semblanza de Fernando Velasco Abad, por Raúl Borja N.


I. La etapa

Fernando Velasco Abad nació el 27 de abril de 1949 y falleció el 8 de septiembre de 1978, poco antes de cumplir treinta años. Este hecho trágico marcó el inicio del fin de su mayor proyecto como ser político, esto es, la construcción del Movimiento Revolucionario de los Trabajadores. Es difícil reconocer esto pues, además de otras razones, aquello implica admitir la fragilidad de un proceso social, político e ideológico que se perfilaba como alternativo a la incidencia de la tradición comunista y socialista desde la década de los veinte del siglo pasado en el Ecuador.

En efecto, la presencia del PCE estaba demasiado identificada (hasta hoy) con la búsqueda y el feliz encuentro de la burguesía nacional, dentro de los pliegues de los gobiernos de turno y, por lo tanto, estaba embriagada con los melosos beneficios de palacio (hasta hoy). La otra tendencia histórica de izquierda, la socialista, revelaba en los años 70 del pasado siglo, como nunca antes, dos características históricas del socialismo ecuatoriano: una, la división interna con la consiguiente conformación de fracciones de liderazgo más que todo personal (socialistas revolucionarios, socialistas amarillos, reformistas, sindicalistas y fracciones locales importantes que se han manejado siempre con autonomía); otra, su apego a la lucha sindical, económica, de los gremios de trabajadores, con una visión reduccionista. Aparte de estas dos expresiones legendarias de la izquierda ecuatoriana (PCE y PSE) que había subsistido medio siglo, en los años 70 había en el Ecuador otras manifestaciones de izquierda encarnadas más que todo en grupos auto-considerados “la vanguardia”, unos intentando sin éxito retar al sistema con las armas, aunque sin llegar a dar combates estratégicos, otros, más o menos entregados en sus claustros a la lectura de los textos clásicos de la izquierda mundial, en particular de V.I. Lenin y su famoso ¿Qué Hacer?.

II. La persona

Fernando Velasco Abad, a inicios de los años 70, siendo muy joven aún, traía bajo su brazo un brillante desempeño como Profesor de Economía Política en tres espacios académicos más importantes entonces que ahora: la Universidad Católica (Facultad de Economía), la Escuela de Sociología (Universidad Central) y la Academia de Guerra del Ejército. Por sus relaciones académicas con lo más progresista de los Jesuitas, tendencia liderada por el sacerdote y filósofo Hernán Malo González S.J., Fernando Velasco Abad se conectó en esos días con el INEFOS, un espacio de formación de las bases de la CEDOC (democristiana), y pasó rápidamente a ser su líder de formación de lo más selecto de sus bases. Él era un laico (por formación y tradición familiar) aunque estaba fuertemente impactado por las nuevas corrientes de pensamiento social y acción política que eclosionaban dentro de la Iglesia Católica Progresista, bajo el paraguas de la Teología de la Liberación y la influencia ética de Camilo Torres.

En esos ambientes, Fernando Velasco Abad se “conectó” con sobrada fluidez con una fracción del MIR que desde los inicios de los 70, hacía un denodado “trabajo sindical”, particularmente entre los trabajadores eléctricos, y convivía en los barrios de tradición obrera de Quito, en una romántica búsqueda del “ser proletario” apenas visible entre los patios húmedos y los talleres artesanales de Chimbacalle y la Ferroviaria Alta. Así fue como arribó a la militancia sindical y política, misma que se respaldaba, desde lo teórico e histórico, con sus sesudas lecturas de dos corrientes del pensamiento mundial de izquierda: Carlos Marx, Rosa Luxemburgo y Kautski, de una parte; y de otra, la Teoría de la Dependencia con sus grandes polos de construcción de pensamiento: México (Ruy Mauro Marini) y Santiago de Chile (Theotonio Dos Santos). No olvidemos que todo esto resonaba con ese auténtico tremor revolucionario latinoamericano, con el Che muerto en Bolivia, con Salvador Allende empezando su glorioso experimento del Socialismo a la Chilena, y con los intelectuales latinoamericanos entre impactados por la Masacre de la Plaza de las Tres Culturas, México DF, y el boom de la mágica literatura de este pedazo de planeta.

III. El proyecto político

A una velocidad casi meteórica, Fernando "El Conejo" Velasco, pasó a ser el ideólogo de un proyecto político que empezó a llamarse la URT (Unión Revolucionaria de Trabajadores, 1974), y que devino en el MRT (Movimiento Revolucionario de Trabajadores, 1977). Este proceso no derivaba del desempeño académico de El Conejo, mismo que siendo de gran importancia y brillantez en su corta vida, no ocupaba la parte medular de su preocupación como Ser Político. Esa parte se hallaba enraizada y floreciente en la militancia de Fernando Velasco, que avanzaba en una espiral dialéctica desde el espacio de formación sindical referido (CEDOC-FENOC), hacia la estructuración de un pensamiento genuino, de izquierda socialista, sobre la construcción de un movimiento de clase trabajadora, no un partido político, todo esto en medio del trabajo de formación de lo que entonces se llamaba “los cuadros políticos” que aparecían como brotes de soya en las cooperativas agrícolas arroceras de la Costa, en las fábricas y talleres manufactureros de las ciudades, y también en las universidades ecuatorianas.

Este elemento es importante destacar, pues para El Conejo Velasco, la “línea divisoria” entre lo uno y lo otro, lo sindical y lo político, o lo corporativo y lo partidario, era tenue, bajo ciertas condiciones por supuesto. En muchas ocasiones, las asambleas del MRT eran las asambleas de los campesinos, indígenas, obreros y artesanos de la CEDOC-FENOC, ya en Quito, en el suburbio de Guayaquil, o en la lejana ciudad de Macará. En todos los casos el sueño era similar: el Movimiento de los Trabajadores, y la verbalización (la retórica del Socialismo) arrancaba pasiones a todos. En esos años, el movimiento sindical se alimentaba en tres vertientes necesarias y complementarias: la lucha por mejores condiciones de vida (contra la explotación capitalista); la lucha contra el Estado capitalista (la opresión de la burguesía como clase en el poder); y la lucha ideológica, que Fernando la planteaba con énfasis, con un fuerte contenido de cambio de valores éticos y culturales, afirmando que la ideología revolucionaria en ciernes se asienta en la libertad, la responsabilidad, la solidaridad y la apropiación de las conquistas universales por parte de los trabajadores que aquí, o allá, en todo el planeta, estaban siendo tratados por el capitalismo como “trozos de carne apta para preparar las hamburguesas”…

IV. Personaje y proyecto

En el proyecto de construcción del Movimiento Revolucionario de los Trabajadores, Fernando Velasco Abad fue más que todo un Educador. ¿Qué clase de Educador? Empiezo resaltando aspectos importantes de “forma” que hacían a nuestro personaje. Él era un didacta, no sé si por vocación y/o por influencia de su madre y su padre, ambos notables educadores formados en la didáctica alemana laica de los institutos pedagógicos más tradicionales. Fernando era muy ordenado en las estrategias de transmisión-recuperación-síntesis del conocimiento. Lo recuerdo como un planificador cuidadoso de las intervenciones y un excelente sistematizador de los aportes de sus interlocutores. Siendo un teórico, Fernando el educador era un inductivista que buscaba que los otros vayan descubriendo sus saberes en el camino, antes de arribar al armado de un modelo de pensamiento abstracto. En lo antes dicho, no estoy pensando en el académico, sino más que todo en el formador de los cuadros políticos dentro de las cooperativas agrícolas arroceras, los sindicatos fabriles y otros espacios similares de los trabajadores.

El Conejo era un educador ideólogo, que daba gran importancia a los valores de vida que deben constituir lo sustancial del cambio de pensamiento y de la búsqueda de nuevos derroteros políticos. Lo recuerdo siempre con sus “cuadernos tipo universal”, con su “pluma fuente” de tinta azul, sacándose de rato en rato sus lentes de intelectual para darse un fácil masaje en sus párpados… así, organizando esquemas y diagramas para sus intervenciones como educador ideólogo. En la academia, lo recuerdo enviando a investigar a sus estudiantes de Sociología las características concretas de la estructura agraria del Ecuador, y exigiéndoles precisión antes que lirismo en sus informes de lectura, esto como umbral antes de pasar a las lecturas de Kautsky y Lenin, sobre El Desarrollo del Capitalismo en Rusia; o, salvando las distancias, antes de arribar a la interpretación de los datos del Informe de la Comisión Interamericana de Agricultura (OEA), sobre la estructura de propiedad de la tierra en Ecuador hacia los años 60-70; pero también, previo al estudio crítico de los opúsculos de Pedro Saad (PCE) sobre lo que entonces llamábamos “El Problema Agrario en el Ecuador”.

Finalmente, rescato de alguno de sus escritos elaborados con sentido didáctico y finalidad política, una especie de decálogo de valores que debían caracterizar a los procesos educativos de los trabajadores:

“Valor de la dignidad humana; Valor de la libertad y de la responsabilidad; Valor de la promoción colectiva; Aspiración a reemplazar la propiedad privada de los medios de producción por su apropiación social; Aspiración a sustituir la primacía del beneficio particular por la primacía del trabajo como categoría económica y social dominante; Aspiración a poner al alcance de todos la instrucción y la cultura; Convicción dinámica de tener, los trabajadores unidos y en conjunto, la tarea de construir una sociedad justa; Aspiración profunda a una efectiva liberación; Impulso profundo a operar un cambio de civilización hacia un proyecto de civilización de real igualdad, libertad y responsabilidad…”

V. Epílogo: El proyecto muere antes del mediodía

El fin del proyecto político del MRT coincidió con el fin de la vida de Fernando Velasco Abad. Al margen de la coincidencia en el tiempo, los dos hechos tuvieron un marco general de referencia histórica, que es importante resumirlo. En 1977-78 el Ecuador estaba abocándose al “retorno a la democracia constitucional”, un proceso de “ordenamiento institucional” que dio a luz la etapa de re-conformación del poder burgués-oligárquico cuyos estertores aún los estamos viviendo. Ese proceso tendría a lo largo del tiempo tres aristas: de una parte, la recomposición del “modelo” de acumulación capitalista en el Ecuador, resultado de lo cual serían desplazados de su rol de liderazgo los obreros de la mayor parte de fábricas y empresas de tecnología atrasada, que era la que predominaba en el Ecuador de entonces: con esto, el sindicalismo (el soñado proyecto del FUT) perdería rápidamente protagonismo social y político, bien ganado en las décadas precedentes de lucha social. De otra parte, entre 1977-78 se abrió en el Ecuador una re-configuración política con el salto a escena de fuerzas liberal-socialdemócratas, que con su programa de construcción del Estado de Bienestar, aunque sea mediatizado, dejó sin piso las plataformas reformistas de la izquierda, misma que concebía la lucha reivindicativa, económica, de los obreros, como una “correa de transmisión” de sus propósitos partidarios. En esa contingencia, el FADI (Fernando Velasco Abad fue uno de los generadores del proyecto, en 1976-77) fue transformando su carácter, de frente electoral de izquierda, a apéndice de la Izquierda Democrática. En ese horizonte de retos y ambigüedades, el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores liderado por Fernando Velasco Abad debatía, en cenáculo, si continuar como movimiento no-electoral, o legalizar su estructura dentro del Estado, o alinearse como un movimiento outsider a alguna de las fracciones del trotskismo internacional. El Conejo halló en Cuenca (1978) una fórmula de transición (él era un gran consensuador), misma que se tradujo en el eslogan electoral ¡SOLO EL SOCIALISMO ES DEMOCRACIA!

Poco antes él mismo nos había planteado:

“¿Cómo entendemos el movimiento de los trabajadores en una perspectiva revolucionaria? Lo entendemos como un hecho histórico, pensado y desarrollado por los mismos trabajadores, con un contenido y una acción transformadores, encauzados a la superación del sistema capitalista para la construcción de la nueva sociedad, conforme queremos y entendemos los trabajadores, donde la propiedad privada de los medios de producción sea reemplazada por la apropiación social de los mismos, donde tengamos libertad y democracia auténticas y donde el Estado cumpla con su finalidad de lograr el bien común para el desarrollo pleno del hombre, de todo el hombre y de todos los hombres…”
Por último, la tercera “fatal coincidencia” que hubo entre la muerte de El Conejo y la debacle del proyecto político en ciernes, se materializó en el campo ideológico. La recuperación de la hegemonía de la alianza burguesa-oligárquica en 1977-78, a pesar de sus fisuras y contradicciones, implicó una paulatina derechización ideológica en el Ecuador, de modo que al pensamiento del cambio (reformas sociales, democracia genuina, justicia social, relaciones inter-culturales sin subordinación, etc.) le siguió el predominio de las ideas sobre el crecimiento económico como base para la justicia social, el progreso como condición de la conquista individual del bienestar, la economía social de mercado, el liderazgo como paradigma del cambio social en lugar de la construcción de una cultura política moderna en el conjunto de la sociedad, por último, el individualismo como paradigma de la vida opacando a la organización social como artífice de los cambios, etc.

Entonces, poco antes de su partida, Fernando Velasco Abad escribía:

“En resumen, más peligroso aún que las ideas que la clase dominante nos pone en la cabeza, es el hecho de que nos ha metido una forma de pensar, de razonar y de actuar, de tal manera que bien podemos decir que es como si llevásemos un capitalista adentro…”

16 de octubre de 2011


* También incluido en: La Hora de los Trabajadores, 29 Nov. 2011

Su compañerismo caminante, siempre...


Fotos de Riobamba, La Sultana de los Andes

Muchos escribirán muchas cosas consistentes, impresiones, en tanto tiempo hay acumulación de ideas y afectos.

Yo recuerdo su paso breve por Riobamba, mi ciudad, su prisa y su compañerismo caminante siempre. Alguna broma y alguna sonrisa que disparaba a los amigos que escuchaban sus pensamientos anticipados a los hechos.

Así lo vimos y así lo recordamos, como la voluntad de estar adelante, no después.

Padre Estuardo Gallegos
Riobamba-Chimborazo

Obras de Monseñor Proaño se publican  (Diaro La Prensa, Riobamba, 13/10/2011)
Historia de Alausí y el Instituto de Investigación Histórica de Alausí promovido por Estuardo Gallegos
Taita Leonidas Proaño, discípulo del pueblo, por Patricio Del Salto, Boletín ICCI-RIMAI, Año 3, No. 29, agosto del 2001
Municipio de Riobamba

Para entender la sociedad ecuatoriana, por Fernando Velasco Abad

Presentación

Puede parecer extraña la publicación de este texto de Fernando Velasco. Quizá se piense que el tipo de discusión planteado en é1 ya ha sido superado por el "correr del agua bajo los puentes". Sin embargo, hay mucho espíritu actual en las líneas siguientes; y ello porque los problemas que señala no han sido superados. 

Al marxismo se le ha achacado frecuentemente una falta de espíritu crítico para consigo mismo. El artículo de Fernando Velasco muestra que esto es válido para una corriente que ha hablado durante decenios a nombre del marxismo, pero no para el conjunto del pensamiento marxista. Que también desde adentro del marxismo se ha luchado contra aquellos que sólo ven "calcos y copias" y no se
toman el trabajo de investigar la realidad, contra el economicismo, contra los análisis simplistas de blanco-negro y buenos-malos, contra la indiferenciación de táctica y estrategia. 

Si bien los temas de las discusiones de entonces no son los mismos de ahora, las tendencias permanecen, aunque cambiadas de signos. Hoy la táctica predomina por sobre la estrategia y se  calca de otros procesos. Hoy la política ya no es vista como un reflejo de la economía: al contrario, muchas veces se la cree absolutamente autónoma de ella. Pero, igualmente, hoy se ha extendido la capa de intelectuales que profesan el "no alineamiento político". Las ilusiones pueden ser otras y acaso se las crea más realizables, pero, de cualquier modo, "los sueños, sueños son"

Hemos vivido bajo la apariencia de haber desatado un nudo. Pero tal vez ocurre que se lo ha anudado de otro modo. Las relaciones concretas entre economía y política, y entre estructura y coyuntura, aun bajo la forma de análisis más complejos, continúan veladas. La debilidad teórica, lejos de haberse superado, se ha profundizado -y no solo en el campo del marxismo. El espíritu crítico frente al adversario y frente al propio campo está viciado de unilateralidad, cuando no ha desaparecido.

Todas estas preocupaciones están presentes en el articulo de Fernando Velasco, que las enfrenta desde el compromiso político. No puede construirse una verdadera alternativa, una "nueva izquierda", si no es sobre la base de la resolución teórica de estos problemas, y de otros que nos ha donado el paso del tiempo. El artículo se queda inconcluso -como la tarea que hay que resolver-, pero nos aporta una manera de entenderla.

La publicación de este texto ha sido posible gracias a la colaboración prestada por los familiares de Fernando Velasco. 



Mario Unda
Director de "Ciudad Alternativa"

* En: Ciudad Alternativa No 1, oct-dic 1989, Centro de Investigaciones CIUDAD, Quito.


Para entender la sociedad ecuatoriana 
Fernando Velasco Abad


Quito antiguo




Los análisis políticos marxistas realizados en el país a menudo han caído -en el mejor de los casos - en un acentuado economicismo, cuando no en la más burda de las simplificaciones.

1.2. El análisis simplista y a todas luces antimarxista es el producto de la debilidad teórica de los partidos y movimientos de izquierda. La dificultad de dilucidar correctamente el carácter de la formación social ecuatoriana; la concepción de la clase dominante como un todo indiferenciado en el que no existen contradicciones internas; el maniqueísmo político, fruto de una ideología eticista pequeñoburguesa, y la confusión de tácticas y estrategia, aparecen como algunos de los principales errores de esta concepción.

1.3. Por otra parte, como reacción a este simplismo, se ha desarrollado recientemente y con creciente prestigio, una tendencia de análisis que si bien [es] más seria y profunda, cae en un grave error: el
economicismo.

Esto es, el cientificismo que impulsa -en parte como reacción al pobre nivel de análisis- el surgimiento de esta tendencia, así como la extracción de clase y el no-alineamiento político de sus impulsores lleva[n] a una negación tácita de la autonomía relativa y, consecuentemente, de la importancia que tiene la instancia política dentro de la formación social y, en esta perspectiva, lo que es más grave, se llega a analizar la coyuntura bajo el prisma exclusivo de las tendencias objetivas que emanan del sistema productivo, perdiéndose de vista la necesidad de análisis de lo político, que es lo que define y especifica la coyuntura.

1.4. Habría que señalar, finalmente, que dentro de esta última perspectiva, al perder lo político su carácter definitorio de la coyuntura y al limitarse a proyectar mecánicamente, con una causalidad lineal lo que ocurre en la esfera de lo económico, se ha llegado a yuxtaponer indicadores políticos externos, propios del diario juego de los partidos y los hombres, a los análisis económicos. De esta suerte no sólo que se ha confundido el nivel estructural de la instancia política con el mero juego cortesano, sino que, como consecuencia lógica, se ha concebido el estudio de la coyuntura como la acumulación de datos acerca de las acciones políticas externas de los supuestos representantes de los actores económicos.

Una concepción, por consiguiente, que se pierde en las artimañas del juego político del momento y que no capta el proceso social en su fase actual.

1.5. Las presentes notas intentan ser un primer aporte a la discusión teórica en el seno de una nueva izquierda que está surgiendo. El señalamiento de los errores anteriores no nos exime de ninguna manera de caer en estos o en análogos. Por otra parte, el trabajo solo pretende ofrecer ciertas reflexiones preliminares que deberán ser  corregidas y enriquecidas a través de la discusión.

2. Dado que la estructura social se compone de tres instancias íntimamente ligadas entre sí, en la que una de ellas - la económica - es determinante en última instancia, pero en la que cada cual es relativamente autónoma, parece útil, a fin de clarificar la actual situación, presentar un somero análisis del estado actual de las estructuras regionales.

2.1. Tradicionalmente, el eje vertebrador del sistema productivo ecuatoriano ha sido el sector agro-exportador de productos tropicales. Vinculando dinámicamente el país al mercado internacional alrededor de 1900, el primer auge exportador, basado en el cacao, llegará hasta 1920. La propia configuración estructural de la economía hará imposible cualquier intento de industrialización aprovechando la atenuación de la dependencia por la crisis de 1930.

De esta suerte, entre 1930 y 1948 se mantendrá el patrón tradicional de desarrollo aunque con menor dinamismo, en base a sucesivas devaluaciones y a una superexplotación de la fuerza de trabajo. En 1948 se reactiva la economía exportadora por la crisis de las bananeras centroamericanas de la United Fruit. Este nuevo auge exportador, a diferencia del primero, tiene una mayor radicación, consolidando un cierto mercado interno por la elevación del nivel de ingresos de los sectores medios de la población. Sin embargo, el nuevo auge se sustentaba en bases extremadamente frágiles. El Ecuador fue incorporado al núcleo de países exportadores de banano en calidad de zona proveedora de reserva, esto es, por la eventual crisis de las plantaciones centroamericanas, atacadas por las plagas y los tifones. Cuando las corporaciones yanquis que controlan el mercado bananero logren desarrollar nuevas especies más resistentes van a retornar a sus propiedades centroamericanas, limitando las posibilidades de la burguesía exportadora ecuatoriana.

A partir de 1955 se inicia la pérdida de dinamismo de las exportaciones de banano, que entran en crisis en 1960.

2.2. La ampliación del mercado interno y una cierta acumulación de capital en manos de la burguesía exportadora viabilizan en la década pasada el inicio de un proceso de industrialización por substitución de importaciones.

Sin embargo, este proceso va a estar sobredeterminado por las nuevas condiciones del sistema capitalista mundial. Afectado éste por la crisis de 1930, saldrá restablecido de la segunda guerra mundial, que marca la definitiva hegemonía de los Estados Unidos. Consecuentemente, el sistema recobrará su tendencia integradora, proyectándola no solo a nivel de las relaciones comerciales, sino agrupando y concentrando los sistemas productivos comprendidos en su seno.

En otras palabras, a partir de la segunda posguerra se acelera la inversión norteamericana en el extranjero y, lo que es más interesante, comienzan a cobrar creciente importancia aquellas que se realizan en el sector de más dinámico de crecimiento: la industria.

Este hecho está gradualmente configurando una nueva división internacional del trabajo. Se observa cómo la producción de ciertos bienes manufacturados se realiza ya no exclusivamente en la metrópoli sino también en ciertos países periféricos a fin de aprovechar mano de obra más barata y desabastecer al mercado interno de esos países. Eso sí, el control de dicha producción se halla en manos de las grandes corporaciones, mayoritariamente norteamericanas y, en menor grado, alemanas, japonesas, francesas, etc.

2.3. El carácter capitalista del desarrollo ecuatoriano significa, entre otras cosas, que la producción se la hace no para satisfacer necesidades nacionales, sino para obtener ganancia. Esto significa, en resumidas cuentas, que un proceso como el de la industrialización está orientado según deseos de aquellos grupos que monopolizan el poder de compra en el país.

Ahora bien, es evidente que estos grupos son muy reducidos.

Apenas un 5% de la población activa tiene ingresos anuales superiores a los $ 20.000. En estas condiciones, la demanda es, en términos cuantitativos, bastante reducida, pero en cambio como existe una élite de altos ingresos, este grupo demanda una gran cantidad de cosas.

Parte de estos bienes demandados se satisfacen a través de importaciones, y otra parte se produce en el país. Puesto que el grupo de medianos y altos ingresos es muy propenso a la adopción de hábitos de consumo similares a los que rigen en Estados Unidos y Europa, la industria ecuatoriana necesariamente tiene que importar la tecnología de esos países.

La tecnología determina una cierta combinación de capital y de fuerza de trabajo para la producción.

En las metrópolis capitalistas, el costo del capital es bajo, dada su  abundancia. En cambio, comparativamente es alto el costo de la mano de obra. Consecuentemente, su tecnología es ahorradora de fuerza de trabajo, pero [...] demanda gran cantidad de capital.

La concomitancia, por una parte, de un sector industrial tecnológicamente dependiente y, por otra, la existencia de una coyuntura mundial caracterizada por el renovado vigor integracionista del imperialismo, va a determinar las características de la industrialización en el país.

En efecto, la pasada década se caracteriza tanto por el incremento de la industria como por el creciente control que el capital extranjero está cobrando sobre las ramas más dinámicas del sector manufacturero. En este sentido, la estructura económico-social va a sufrir dos transformaciones básicas: 1) la aparición de un sector de inversión que ofrezca una alternativa frente al tradicional agropecuario - ya sea exportador o destinado al mercado interno; y 2) la consolidación de un verdadero enclave dentro de la industria.

Evidentemente, estos dos elementos nuevos no operarán exclusivamente a nivel de lo económico sino que, como es obvio, su presencia se traducirá en transformaciones en la instancia d e lo político y de lo ideológico.

2.4. El elemento que definirá el nuevo carácter de la dependencia ecuatoriana será, sin lugar a dudas, el petróleo. Descubierto en [el] nororiente en 1967, su explotación se iniciará en el segundo semestre del presente año.

El control directo que sobre este sector tendrá el capital extranjero, abre una serie de transformaciones.

- Dadas las características técnicas de la explotación petrolera, esta demandará mano de obra en forma relativamente escasa, lo cual es especialmente grave si consideramos la capacidad de absorción de fuerza de trabajo que tenía, en sus períodos de auge, el sector agro-exportador.

- El impacto mayor del petróleo sobre la economía ecuatoriana será a través del monto total de ingresos que perciba el estado. En este sentido, es evidente que estos ingresos ampliarán de manera notable la capacidad de inversión del gobierno, que eventualmente podría utilizar parte de esos recursos en la construcción de obras de infraestructura, con lo que se podría absorber una fracción del excedente de oferta de fuerza de trabajo que tiene el sistema.

En estas condiciones, como es usual en una situación de enclave, el impacto de esto en la economía nacional dependerá en buena parte de la capacidad de negociación del grupo que control ando el estado oficie de intermediario entre el enclave y la nación.

- El incremento que se operará en el ingreso nacional, como es obvio, va a acentuar la desigualdad en la distribución de la riqueza. Por consiguiente, se consolidarán las distorsiones antes anotadas de la demanda, con sus consiguientes efectos en la estructura industrial.

* Ver ficha bibliográfica en Flacso Andes

Resoluciones X Congreso Nacional Ordinario de la FENOCIN (5-7 sep. 2008)


Galería FENOCIN

 

Resoluciones

X CONGRESO NACIONAL ORDINARIO
DE LA CONFEDERACIÓN NACIONAL DE ORGANIZACIONES
CAMPESINAS, INDÍGENAS Y NEGRAS, FENOCIN
 PORTOVIEJO 5, 6 y 7 de Septiembre de 2008
RESOLUCIONES INTERNAS

Los más de mil representantes y delegados de las Organizaciones de Base, Uniones y Federaciones de la FENOCIN, campesinos, indígenas, afroecuatorianos y montubios, procedentes de las 3 regiones del Ecuador (costa, sierra y amazonía) conjuntamente con los observadores nacionales e internacionales invitados y los delegados de las Organizaciones Nacionales Fraternas.

Reunidos en la ciudad de Portoviejo, durante los días 5, 6 y 7 de septiembre del 2008
RESOLVEMOS:


RESOLUCIÓN No. 1 
      

En el interés de fortalecer la memoria histórica de la organización, al celebrarse  los 40 años de trayectoria organizativa de FENOCIN, se resuelve denominar al X Congreso Nacional Ordinario de la FENOCIN, con el nombre del histórico líder “Fernando Velasco Abad” como un justo reconocimiento a su destacado aporte intelectual y liderazgo organizacional, quien aportó  decididamente en la formación de nuestra organización.

 Se encarga al Consejo Ejecutivo Nacional la investigación y difusión amplia de las biografías  de  “Luchadores de la FENOCIN”, que han contribuido con su ejemplo y sacrificio de vida, a la consolidación de la organización a lo largo de sus cuarenta años de vida organizativa.



* Seguir leyendo en el sitio web de la FENOCIN

Fernando Velasco, por Enrique Ayala Mora

Omar Arregui, La Compañía, Quito - Quitomas
Hace tres décadas, antes de cumplir 30 años, Fernando Velasco Abad era ya uno de los economistas más notables del Ecuador, brillante profesor universitario, autor de varios textos fundamentales sobre el país, lúcido renovador de las Ciencias Sociales y activo promotor de la organización campesino indígena. Por años se había dedicado al trabajo de promoción agraria, llegando a ser asesor principal de la emergente Federación Nacional de Organizaciones Campesinas, Fenoc. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del Frente Unitario de los Trabajadores, FUT.

Era un hombre sencillo, alegre y jovial. Nacido en una familia de destacados maestros laicos, había hecho una carrera estudiantil meteórica. Se graduó de bachiller a los 16 años y de economista a los 20 en la Universidad Católica del Ecuador. En cuestión de meses era ya profesor de esa casa de estudios y también de la Central. Su tesis, que debió esperar años para ser publicada, fue leída por muchos y marcó una nueva etapa de los estudios económicos e históricos. Otros trabajos, sobre cuestiones campesinas y economía internacional, tuvieron mucha influencia nacional y traspasaron nuestras fronteras.

La elevación de la conciencia de los campesinos y sus demandas por reforma agraria habían impulsado el robustecimiento de su organización nacional. Al mismo tiempo que crecía la Fenoc avanzaba también en ella, como en otros organizaciones, un proceso de avance de una definición política por el socialismo. Fue así como se transformó en un referente de la lucha social en el país.

En todo este proceso Fernando Velasco fue un referente. Con una concepción moderna de la organización, privilegió el trabajo de formación. En este empeño se lo encontraba dando cursos y seminarios en muchos lugares del país. El 9 de septiembre de 1978, en medio de un viaje de trabajo con dirigentes de la Fenoc, perdió la vida en un fatal accidente de tránsito.

A los 30 años de su muerte, muchos de mi generación recuerdan a Fernando Velasco como el ‘Conejo’, la forma coloquial en que lo tratábamos. Muchos jóvenes no han oído hablar de él, ni saben que una editora se llama El Conejo justamente por él. A lo mejor son admiradores de Juan Fernando Velasco, pero no saben que es su hijo. Pero su huella sigue presente en los estudios sociales y la organización popular. La Fenoc, que ahora se llama Fenocin, en el cuadragésimo aniversario de su fundación, honró su memoria y le puso su nombre a su décimo congreso nacional reunido en Portoviejo.

El flamante sucesor de Pedro de la Cruz en la presidencia de la Fenocin, Luis Andrango, al asumir su cargo, planteó el compromiso de mantener o profundizar el compromiso de la organización con la lucha por el socialismo. Ese será, ciertamente, el mejor homenaje a la memoria del ‘Conejo’ Velasco.



* Enrique Ayala Mora, Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB), Quito. Publicado en El Comercio, Quito, 9/12/2008

Fernando Velasco, por Pepe Laso






Diario Hoy, Quito, 4 noviembre de 2007
Incluido en el libro: Pepe Laso Rivadeneira, Tiempos y palabras, Universidad Andina Simón Bolívar-Sede Ecuador, Corporación Editora Nacional, Quito, agosto 2018.


La tierra está húmeda por la lluvia , Vamos reconociéndonos los amigos, que venimos de diferentes lugares, diferentes tiempos, llamados por la memoria.

Junto al edificio de FLACSO, el Municipio de Quito ha decidido nombrar a un pequeño parque, con el nombre de Fernando Velasco, uno de los más importantes cientistas sociales, que nos dejó libros fundamentales como su tesis Ecuador: Subdesarrollo y dependencia o su trabajo sobre Reforma Agraria y Movimiento Campesino Indígena de la Sierra, entre otros escritos. Fernando murió una madrugada, en un accidente de tránsito, a los 29 años, en la plenitud de su vida.

El Director de FLACSO Adrián Bonilla hizo una síntesis del pensamiento de Fernando Velasco y al finalizar su discurso se le quebró la voz.

Algo, entonces me atravesó y quizá porque vi a su hijo, Juan Fernando Velasco, el cantautor, tan parecido a su padre, la memoria me trajo, como suele acontecer, esa impresión, de que eso alguna vez ya lo había vivido.

Recordé algunas cosas sencillas que vivimos, los años que trabajamos juntos. Ibamos ya por el segundo día, y los campesinos de Pusir Bajo en el Valle de El Chota, no asistían al pequeño curso de contabilidad que dictábamos. Nuestras mujeres nos habían fabricado unos pequeños costalitos de tela y unos billetes de esos que venían con unos caramelos baratos, que eran nuestro material pedagógico. Cuando preguntamos por qué no llegaban al curso, nos dijeron que no venían porque nosotros estábamos alojados en la casa de la voladora. Cuando mencionaron la palabra escoba, comprendimos que la dueña de la casa era la bruja y era la prestamista. Nos mudamos y comenzaron a llegar. Cada dos horas la pequeña aula de la escuela se llenaba de asistentes diferentes. Fernando entonces les dijo que si se cambiaban tanto no iban a aprender nada. Lo que pasa, compañero, es que cada vez que entramos, ustedes nos dan un cuaderno y un lápiz y nosotros los juntamos para los niños que van a la escuela.

Jorge Sanjinés, el gran cineasta boliviano, nos había traído sus películas y creo que ya había filmado aquí: “Llucshi caimanta” sobre la expulsión del Instituto Lingüístico de Verano. Fuimos con Fernando a Tena, a dictar un curso a las organizaciones campesinas y llevamos la película. El traqueteo de nuestro jeep Nissan destrozó el foco del proyector. Tienen uno, nos dijeron, en la Misión Evangélica. Hablamos con un pastor norteamericano que, por nuestros pelos largos, sospechó que la película era cuestión de El Maligno. Le convencimos de que él mismo nos acompañara. Aceptó, con la condición de que después de nuestra película, él pasaría una sobre la Pasión de Nuestro Señor. Durante la proyección los ojos del pastor parecían ascuas ardientes. Dijo que él dirigiría el foro con los campesinos quichuas. Tuvimos que salir afuera con Fernando a reírnos desaforadamente cuando el pastor, en su media lengua, comparaba la escena del baño de los comuneros al pastor gringo en la película de Sanginés, con la traición de Judas, al Jesús anglosajón, rubio e imperial.

“A las aladas almas de las rosas
de almendro de nata te requiero
que tenemos que hablar de tantas cosas
compañero del alma, compañero”.

Reminiscencias del Conejo, por Guadalupe Tobar

Arte indígena - Tigua, Ecuador
La fama del economista joven se expandió entre los militantes cristianos. Siendo aún estudiantes de secundaria, tuvimos un primer encuentro con él. Nos habían convocado a una charla en San Roque, a una casa donde habitaba uno de los grupos de cristianos mayores, ya universitarios, que habían decidido compartir la vida con barrios populares de Quito. Se trataba de una experiencia apoyada por Iglesia y Sociedad en América Latina. Sería el año 1969, cuando juntarse era clandestino y pensar era subversión. Nos nutríamos de Paulo Freire, la Teología de la Liberación y de la acción eclesial de Proaño.

Tras la militancia juvenil en Acción Católica y luego del año de clausura de la Universidad Central, nos abocamos a la política universitaria engrosando las aulas de la Escuela de Sociología, enmarcados en el debate por la Fe y la Política, animados por las Encíclicas Sociales que ponían la mirada en América Latina y la opción preferencial por los pobres. Allí reencontramos al Conejo como maestro, tan joven como nosotros que nos resultaba contemporáneo. Genial pedagogo con quien muchos aprendimos a pensar, razonar, deducir y concretar.

Maestro, compañero, amigo. Luego de clases le acompañábamos a cambiarle los pañales a Juan Fernando. Compartimos farras de juventud, entonando a viva voz los cantos de la Violeta Parra y Víctor Jara. Tantas jornadas de análisis y formación política tuvieron siempre al Conejo como referente. Así llegamos a un hito importante: el primer encuentro nacional de Cristianos por la Liberación, realizado en Cuenca en 1972. Ese evento fue seriamente orientado por el Conejo, Alfredo Castillo y el Alejo Moreano, marcando un momento histórico en nuestras convicciones. Tras este evento se gestó el Movimiento Revolucionario de Izquierda Cristiana que, si bien se integró con muchos estudiantes de organizaciones de base, fue asimilado como la escisión radical de un partido político de la época.

El reto universitario se plasmó en la huelga de la Escuela de Sociología posicionando nuestro planteamiento. Aliados con la Juventud Socialista se logró el golpe maestro: derrotar el poder tradicional del PCMLE en la FEUE, aunque fue el único momento. La realidad nacional se había movido con gran velocidad y dramatismo. Todavía fuimos testigos de procesos de sangre indígena en Chimborazo a los que acudíamos durante la Reforma Agraria, afirmando nuestra vocación por lo rural y permitiendo al Conejo leer la estructura de la Hacienda Tradicional Serrana, uno de sus trascendentales análisis. El surgimiento del movimiento obrero le permitió impulsar procesos organizativos y de formación sindical. Una amplia colección de materiales pedagógicos fueron herramientas para educar a los gremios laborales, de los cuales todavía conservamos algunos manuscritos.

No era nada más que la coherencia de su pensamiento trascendiendo a la gestión. Así pensó la sociedad y fomentó organizaciones como la Federación de Organizaciones Campesinas y la Central de Organizaciones Clasistas. Pensó el desarrollo y conformó organismos como la Central Ecuatoriana de Servicios Agrícolas y la Central Ecuatoriana de Servicios Urbanos. Pensó la política social e impulsó el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores. Pensó la política de estado y gestó el Fondo de Desarrollo Rural Marginal. Precisamente en la cima de la visión histórica, la vida nos arrebató sus secretos y su luz, pero no su memoria.

Sigues siendo maestro.

Guadalupe Tobar

Mi amigo, el “Conejo” Velasco, por Gerardo Bacalini (Argentina)

Gonzalo Endara Crow

Corrían los años 72-73 y viajé al Ecuador en calidad de Responsable de las Relaciones Internacionales de APEFA (Asociación para la Promoción de las Escuelas de la Familia Agrícola), invitado por el INEDES (Instituto Ecuatoriano para el Desarrollo Social) y CESA (Central Ecuatoriana de Servicios Agrícolas).

A partir de esta visita, tuvimos en Argentina, más precisamente en Reconquista, Norte de la Provincia de Santa Fe, sede de APEFA, a dos becarias ecuatorianas que, creo recordar, eran Lola Casco y Clemencia Quishpe.

Pero fue en CESA donde conocí a Fernando (“el Conejo”) Velasco, junto a Fausto Jordán y Carlos Arrobo. Con ellos hicimos una gran amistad y especialmente con el Conejo, invitándome inclusive a estar en su casa y conocer a Rosa María y también a su hijito, el hoy famoso cantautor Juan Fernando Velasco.

Eran años muy especiales en Latinoamérica y el Conejo estaba muy interesado en tomar contacto con los movimientos de los 70 en Argentina. Es por ello que viajó conmigo desde Quito y pasamos juntos varios días en Buenos Aires. Tuvimos largas noches de conversaciones sobre la situación imperante y el futuro revolucionario en nuestros países.

También él, junto con otros compañeros ecuatorianos, me ayudaron a organizar en Balzar (Ecuador) un encuentro sobre “formación para el medio rural”. Mientras estábamos en ese encuentro, una tardecita el Conejo organizó una reunión con campesinos de la Costa. Nos vinieron a buscar y nos condujeron “bien cuidados”, al anochecer, entre plantaciones de bananos, a una casa montada en pilotes. Allí tuvimos una “extraordinaria y recordada” cena y reunión con dirigentes campesinos, tanto por lo que se comió y bebió, así como por el contenido de lo conversado. Volvimos a la madrugada también muy acompañados y cuidados por varios campesinos. Fue una experiencia que no he podido borrar de mi mente con el tiempo.

Como tampoco puedo olvidar otra reunión que el Conejo me organizó, en la trastienda de un bar de Guayaquil, con un alto dirigente que se llamaba Adolfo Tutivén. También entre cervezas y cervezas, debatimos largamente sobre la realidad ecuatoriana, argentina y de América Latina en general.

En todas estas actividades que mantuvimos con el Conejo, se podía destacar en él la capacidad de análisis político y el compromiso militante. Para mí fue un maravilloso aprendizaje.

Y, como era de esperar, una gran despedida de nuestros encuentros fue en un comedor de Quito con caldo de patas y cerveza. El humo del caldo les empañaba los anteojos a Fausto y al Conejo. Acalorados y felices, debatíamos y nos peleábamos. Sobre todo, soñábamos… con una sociedad más justa en cada uno de nuestros países.

Buenos Aires, Argentina
Noviembre de 2007

El pensamiento y la acción política de Fernando Velasco - Alejandro Moreano

Fernando Velasco - Marcha 1 de Mayo, Quito

Una de las características más sorprendentes del pensamiento y el estilo de Fernando Velasco es su claridad y sencillez; su transparencia. Y es que esa transparencia es expresión de otra, mucho más profunda y significativa: aquella que dice relación con la correspondencia inmediata y directa de su pensamiento con el movimiento general de la sociedad ecuatoriana.

En efecto, en el desarrollo de su pensamiento, en las condensaciones, virajes y desplazamientos del mismo, se puede leer de manera casi inmediata las vicisitudes del desarrollo político de las fuerzas sociales más avanzadas del Ecuador contemporáneo. Nadie como él para constituir un pensamiento tan extremadamente sensible a la vida. De allí que en los movimientos de su pensamiento y acción política se manifiesten de manera transparente las relaciones de fuerza de la sociedad ecuatoriana, en los terrenos social, político, ideológico.

Procedente de las filas del humanismo cristiano, una de las vertientes de pensamiento revolucionario de América latina, Fernando Velasco atravesó diferentes fases y distintas concepciones: del humanismo al materialismo, de las ideas democristianas al socialismo revolucionario, de las tesis de la CEPAL al análisis marxista de las estructuras del capitalismo dependiente, de las capas medias progresistas a la praxis revolucionaria de los trabajadores.

Por supuesto, ese periplo de Fernando Velasco no fue un mero producto de su voluntad política, honestidad personal y sed insaciable de conocimientos. Fue la expresión, mediada por esas grandes capacidades, del desarrollo objetivo de la lucha de clases. América Latina, a partir de la revolución cubana, y en menos de 20 años, atravesó y superó vertiginosamente épocas enteras del desarrollo político de la humanidad. De las mil y una noches a las corrientes de vanguardia, de la edad de piedra a la era atómica, América cantó al unísono los sones precolombinos, los cantos gregorianos, la Marsellesa y la Internacional. En el espacio de casi 30 años que vivió Fernando Velasco, América Latina unificó la revolución francesa y la bolchevique, la formación auténtica de la nación y el internacionalismo militante de la clase obrera. Desarrollo desigual y combinado, amalgama de épocas distintas, sucesivas y simultáneas a la vez; mosaico, jeroglífico y rompecabezas: el movimiento real de la sociedad latinoamericana fue un motor extremadamente rico y múltiple para el desarrollo de un pensamiento político lleno de mutaciones y virajes, pero vivo y germinal.

En la subjetividad de Fernando Velasco, ese proceso se manifestó en su descubrimiento progresivo del marxismo y la radicalización creciente de su compromiso político.

El origen y el desarrollo del pensamiento y la praxis de Fernando Velasco se sitúan, precisamente, en la fase de transición de las corrientes ideológicas revolucionarias no marxistas al período de la lenta producción del pensamiento marxista. En efecto, entre 1968 y 1973, el pensamiento de Fernando Velasco estuvo dominado por las corrientes cepalinas y la Teoría de la Dependencia en el nivel económico; las tesis radicales de la Democracia Cristiana en el terreno político; y el humanismo cristiano de la CELAM, y de la Declaración de Medellín de la Iglesia Católica en el plano ideológico.

Educado en el seno de la ideología católica, Fernando Velasco siguió la línea evolutiva de los grupos cristianos conmovidos por la crisis del viejo aparato conservador de la Iglesia, los vientos renovadores del papado de Juan XXIII, el Concilio Ecuménico Vaticano, y el surgimiento de corrientes progresistas y aún revolucionarias en el seno de la Iglesia. Junto a ellos participó en acciones sociales en el pueblo, bajo la guía de las tesis de la Pedagogía de la Liberación de Paulo Freire, y organizó el “secuestro” del párroco progresista de la iglesia Iñaquito de apellido Camarata para impedir su traslado a España. De hecho, sus primeros pasos en la comprensión política del mundo, tenía que darlo en el seno de la atmósfera ideológica en la cual se había formado.

Tal fue una de las razones fundamentales de que en la década del 70 hayan surgido nuevas fuerzas revolucionarias –que tuvieron en Fernando Velasco uno de los principales organizadores y dirigentes– sin continuidad alguna con los movimientos de los 60. Nuevas fuerzas, producto del ingreso de la clase obrera a la escena social en medio de un auge significativo del movimiento de masas, especialmente campesinas, y de un movimiento ideológico peculiar, sin conexión con el pensamiento de los Frentes de Liberación Nacional y que tuvo su origen más bien en las concepciones y en la práctica de los círculos cristianos revolucionarios y en la llamada vertiente de izquierda de la Teoría de la Dependencia.

Desde 1973-74, hasta su trágica muerte el 9 de septiembre de 1978, la vida de Fernando Velasco estuvo totalmente ligada a tres procesos fundamentales, cuya unidad fue el motor de la izquierda ecuatoriana: el fortalecimiento de la unidad y lucha de las tres grandes Centrales Sindicales nacionales, especialmente la CEDOC, el desarrollo del pensamiento marxista cuyo objeto central es la lucha de clases del actual Ecuador; y, como expresión aún débil e incompleta de un proceso de fusión también débil e incompleto de los dos procesos anteriores, la formación de un nuevo movimiento revolucionario, el MRT, y la unidad del conjunto de la Izquierda.

Su compromiso con la lucha sindical y política de los trabajadores es, sin duda, el eje central de la vida de Fernando Velasco y el motor del desarrollo de su pensamiento. En sus funciones de dirección de la CEDOC y de organización y dirección del MRT (Movimiento Revolucionario de los Trabajadores) jugó un papel importante en la orientación de la lucha general de los trabajadores ecuatorianos.

Forjado en el compromiso militante con la lucha gremial de los trabajadores, Fernando Velasco sintió la necesidad de trabajar denodadamente por crear las condiciones para la construcción de la organización política de la lucha obrera y popular.

Esta comprensión permitió a Fernando Velasco iniciar el segundo gran viraje en su práctica y en su pensamiento. Si en 1972-73 se desplazó de la acción social de los grupos cristianos bajo una concepción demócrata cristiana a la participación en la lucha directa de los trabajadores, en 1975-76 se desplazó a la acción política revolucionaria conciente: el activista sindical devenía en militante revolucionario.

La producción intelectual de Fernando Velasco cubre una variedad de gamas: el carácter de la formación social ecuatoriana y de su historia, el problema del imperialismo y la lucha nacional, las transformaciones agrarias y el movimiento campesino, la formación de un sindicalismo clasista y revolucionario, la relación entre la vanguardia política y los sindicatos, la educación ideológica y política de las masas, problemas de la táctica y la estrategia. Es decir, los principales problemas teóricos y políticos, cuya correcta comprensión es fundamental para la organización y dirección del proceso revolucionario.

En el libro Ecuador: subdesarrollo y dependencia, en el capítulo “La estructura económica de la Real Audiencia de Quito” del libro Ecuador, pasado y presente, Fernando Velasco enfrenta el problema del carácter de la formación social ecuatoriana y de su historia. Difícil y complejo problema que ha suscitado un amplio movimiento teórico e investigativo en las décadas del sesenta y setenta y en el cual participaron múltiples intelectuales. En el momento en que dichos textos fueron escritos, predominaba en el pensamiento social latinoamericano y ecuatoriano, la corriente denominada Teoría de la Dependencia.

El análisis del problema agrario, formulado en su libro Reforma agraria y movimiento campesino indígena de la Sierra es, sin duda, el mejor aporte de Fernando Velasco al pensamiento marxista ecuatoriano y el mejor estudio político sobre el tema. Respecto a los anteriores escritos varios años antes, constituye la expresión del desarrollo del pensamiento de Fernando Velasco en correspondencia con el desarrollo de la lucha social.

Otros estudios sobre las transformaciones agrarias de las dos últimas décadas, especialmente los de Andrés Guerrero, han demostrado con rigor científico el carácter general del proceso y las principales determinaciones económicas del mismo. Pero el libro de Fernando Velasco eleva esos análisis al plano político, los desarrolla en la comprensión de la lucha de clases gestada en el curso de la llamada reforma agraria, y descubre lo que es consubstancial al pensamiento leninista: la estrategia y la táctica de las diversas clases y sus representantes políticos.

Fernando Velasco murió, a los 29 años, cuando se encontraba en plena actividad teórica y práctica para enfrentar y resolver esos problemas planteados por la vida. Pero dejó señalados los lineamientos básicos: lucha independiente, progresiva hegemonía del proletariado y semiproletariado rurales, amplio frente que articule la lucha por la democracia, la tierra, el poder y el socialismo.

En diferentes artículos y textos, en sus libros sobre la economía ecuatoriana, en una conferencia suya publicada con el título “La dependencia, el imperialismo y las empresas transnacionales”, Fernando Velasco plantea con toda seriedad y en toda su profundidad el problema nacional del Ecuador como país dependiente dominado por el imperialismo. Le interesa particularmente analizar las nuevas características de esa dominación: el control directo de los procesos productivos fundamentales por el gran capital financiero internacional, el desplazamiento de las inversiones del sector primario-exportador a la producción industrial. Esa reorientación tiene una importancia política fundamental, pues implica que el imperialismo ha dejado de estructurar una alianza con las fuerzas precapitalistas, para entrabar el desarrollo del capitalismo en las formaciones sociales dependientes deviniendo, por el contrario, uno de los motores del peculiar desarrollo del mismo.

En esas condiciones, la lucha por la soberanía nacional adquiere un sentido y perspectiva distintos. El imperialismo no constituye una estructura de opresión externa, sino un proceso permanentemente internalizado en todos los órdenes de la vida de nuestros países. La llamada “burguesía nacional” no tiene pues, una base material de existencia, menos aún de desarrollo. La lucha antiimperialista no tiene otros protagonistas que el proletariado, el campesinado, los sectores semiproletarios y las capas medias progresistas; y, se encuentra objetivamente ligado a la lucha contra la opresión del capital. Por otra parte, Fernando Velasco analiza las nuevas formas orgánicas y jurídicas asumidas por el capitalismo mundial: la empresa transnacional.

Es decir, para Velasco, la organización revolucionaria es un complejo y múltiple proceso histórico, reivindicativo, político, ideológico, teórico, cuyo eje vertebrador es la existencia y la praxis material de los trabajadores. Sin duda, el problema es mucho más complejo de lo que hemos señalado y Fernando Velasco alcanzó a escribir y reflexionar. Empero, sus tesis mantienen gran validez en los momentos actuales.

Y, precisamente porque Fernando Velasco concibió a la dirección revolucionaria como un complejo proceso histórico, no redujo jamás su dimensión a las estructuras orgánicas formales de las actuales agrupaciones de la Izquierda. Más aún, consideraba que esa dirección revolucionaria es aún una empresa futura a estructurarse en los momentos de crisis revolucionaria y que en la actualidad asume la dialéctica viva de la unidad contradictoria del conjunto de la Izquierda ecuatoriana. De allí, su participación decidida en esa unidad, en el seno de la cual la crítica y la autocrítica constituyen, según él, los elementos fundamentales de su desarrollo interno.

La ideología tecnocrática como atmósfera valorativa de la producción teórica, prácticamente domina el escenario de las ciencias sociales. Frente a esta situación, el ejemplo de Fernando Velasco es altamente significativo. Dotado de una formación intelectual más bien burguesa y tecnocrática, objeto de tentaciones por los dueños del poder, Fernando Velasco supo avanzar y establecer claramente su compromiso, abierto, público, directo y práctico con los trabajadores y la acción revolucionaria. Más aún, para Fernando Velasco, el único criterio de verdad fue la eficacia política, la capacidad del pensamiento para elevarse a la formulación de una estrategia y una táctica de lucha por el poder revolucionario.

En medio de las luchas más limitadas y estrechas, de las fases de reflujo del movimiento obrero y popular, Fernando Velasco supo insistir en la necesidad de la concentración teórica y política, del fortalecimiento de la unidad ideológica, de la independencia política histórica, de la tenaz conservación de los objetivos estratégicos, del sueño revolucionario.

Fernando Velasco fue un ejemplo de intelectual revolucionario.

* Tomado y adaptado del Prólogo del libro de Fernando Velasco: Ecuador: subdesarrollo y dependencia, 15 de febrero de 1981.